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Mala praxis en los servicios de salud

el Juramento Hipocrático - Parte 2

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Regulaciones

La partida de nacimiento de la medicina como profesión -en el sentido moderno de un grupo ocupacional autorregulado, con facultad para determinar quién pertenece al mismo y cómo debe comportarse- data del año 1140, cuando Rogelio de Sicilia estableció en su reino un examen oficial obligatorio para ejercer la medicina, que entonces ya contaba con la organización de su enseñanza en la Escuela de Salerno .

Tras otros ejemplos en el mismo sentido, como el de Montpellier, también prestigioso centro médico, exactamente cien años más tarde (1240) Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano, promulga sus famosas leyes para el aprendizaje y ejercicio de la medicina en las dos Sicilias, haciendo esta vez expresa apelación a la Escuela de Salerno.

Según tales regulaciones obligatorias para la práctica profesional, el médico debe tener diploma universitario y licencia gubernamental, cursar tres años de estudio y realizar un practicantado bajo la supervisión de un médico de experiencia, antes de ejercer en forma independiente; la ordenanza alcanza también la cirugía y la farmacéutica, autorizando en un caso las disecciones para el estudio de la Anatomía en la formación de los cirujanos, y estableciendo en el otro un incipiente control de medicamentos.

Las facultades de medicina en las universidades medievales reglamentaron una carrera con sucesivos grados académicos -bachiller, licenciado, doctor- que valían como "licencias" o autorizaciones para el ejercicio profesional.

El espíritu corporativista Bajomedieval no se manifestó, sin embargo, en una medicina profesionalizada de tipo gremial, mientras que los colegios médicos, como es sabido, son creaciones de la modernidad. Los médicos nunca se identificaron con los gremios existentes desde la Edad Media y que, según Max Weber, eran de dos tipos, el de mercaderes y el de artesanos (las Gilden y las Zünfte como corporaciones urbanas para la protección de los intereses laborales).

Los médicos tenían formación universitaria y carácter eclesiástico, por tanto poco en común con los trabajadores manuales y los comerciantes, con la actividad artesanal y mercantil. Justamente la salida de esta circunstancia resultó en la moderna colegiación, como fue el caso del Royal College of Physicians de Londres, colegio y no gremio, real y no municipal, con el que comienza otra historia de la profesión médica. (10).

Deóntica médica

Deóntica o deontología, teoría del deber, es el nuevo estatuto de la moral separada de la ontología –teoría del ser-.

Su cometido es regular las relaciones científicas y políticas entre los médicos, estableciendo un orden normativo que primariamente garantice el prestigio y los intereses de la profesión.

Ethos profesional

Junto al orden médico se desarrolla la conciencia y la autoridad morales de la medicina; el nacimiento de la profesión es también el de la deontología y la aparición terminológica y conceptual de la "ética médica".

DOCUMENTOS DE DEONTOLOGIA MEDICA

ASOCIACION MÉDICA MUNDIAL

- CÖDIGOS, DECLARACIONES Y NORMAS -

DECLARACIÓN DE GINEBRA -1948-

"En el momento de ser admitido coMo miembro de la profesión médica:

Prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad.

Otorgar a mis maestros los respetos, gratitud y consideraciones que merecen.

Ejercer mi profesión dignamente y a conciencia.

Velar solícitamente, y ante todo, por la salud de mi paciente.

Guardar y respetar los secretos a mí confiados.

Mantener incólume, por todos los conceptos y medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica.

Considerar como hermanos a mis colegas.

Hacer caso omiso de credos políticos y religiosos, nacionalidades, razas y rangos sociales, evitando que éstos se interpongan entre mis servicios profesionales y mi paciente.

Velar con sumo interés y respeto por la vida humana, desde el momento de la concepción, y aún bajo amenaza no emplear mis conocimientos para contravenir las leyes humanas".

CÖDIGO INTERNACIONAL DE ËTICA MÉDICA -1949-

Deberes de los médicos en general

Al llevar a cabo su misión humanitaria, el médico debe mantener siempre una conducta moral ejemplar y apoyar los imperativos de su profesión, hacia el individuo y la sociedad.

El médico no debe dejarse influir por motivos de ganancia meramente. Las siguientes prácticas son estimadas no éticas:

a) Cualquier medio de reclamo o publicidad excepto aquellos expresamente autorizados por el uso y la costumbre y el código de ética médica nacional.
b) Participar en un plan de asistencia médica en el cual el médico carezca de independencia profesional.
c) Recibir cualquier pago en conexión con servicios, fuera del pago profesional aunque sea con el conocimiento del paciente.

Todo procedimiento que pueda debilitar la resistencia física o mental de un ser humano está prohibido a menos que deba ser empleado en beneficio del interés propio del individuo.

Se aconseja al médico obrar con suma cautela al divulgar descubrimientos o técnicas nuevas de tratamiento.

El médico debe certificar o declarar únicamente lo que él ha verificado personalmente.

Deberes de los médicos hacia los enfermos

El médico debe recordar siempre la obligación de preservar la vida humana desde el momento de la concepción.

El médico debe a su paciente todos los recursos de su ciencia y toda su devoción. Cuando un examen o tratamiento sobrepase su capacidad, el médico debe llamar a otro médico calificado en la materia.

El médico debe, aún después que el paciente ha muerto, preservar absoluto secreto en todo lo que se le haya confiado o que él sepa por medio de una confidencia.

El médico debe proporcionar el cuidado médico en caso de urgencia, como un deber humanitario, a menos que esté seguro de que otros médicos pueden brindar tal cuidado.

Deberes de los médicos entre sí

El médico debe comportarse hacia sus colegas como él desearía que ellos se comportasen con él.

El médico no debe atraerse hacia sí los pacientes de sus colegas.

El médico debe observar los Principios de "La Declaración de Ginebra", aprobada por la Asociación Médica Mundial.

DECLARACIÓN SOBRE ÉTICA EN MEDICINA

(Asociación Latinoamericana de Academias de Medicina) -Quito, 1983-

La Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina (ALANAM) considera que la ética debe ser el marco conceptual de inspiración y de referencia para todas las acciones concernientes a la formación, ejercicio y desarrollo de las profesiones médicas. Ética y Medicina están ineludible e indisolublemente vinculadas desde sus orígenes en la historia de todas las civilizaciones; la incesante evolución de las formas de vida y de asociación humanas impone revisiones permanentes de enfoques y normas.

Las instituciones médicas calificadas y, en especial, las Academias Nacionales de Medicina tienen el deber de intervenir en la adopción de formulaciones conducentes a preservar una ética irreprochable en las relaciones entre la profesión médica y la sociedad. Esa intervención académica ha sido efectiva en todos los países representados en ALANAM, aunque con significativas diferencias derivadas de la antigüedad institucional, prestigio, posición oficial, estructuras legales nacionales, y hasta cierto punto, de los condicionamientos sociales.

El progreso científico alcanzado en etapas sucesivas, desde la medicina predominantemente clínica y el arrollador impulso tecnológico de las últimas décadas, deben ser concertados de manera que el humanismo esencial que caracteriza a la profesión médica, no sea desvirtuado.

INTRODUCCIÓN: ÉTICA EN MEDICINA

Las Academias de Medicina insisten en la necesidad de conferir una acentuada orientación social a las recomendaciones y normas sobre Ética en Medicina. En este sentido, las normas y recomendaciones modernas de ética deberán primordialmente acentuarse en las responsabilidades del médico, el que debe comprometerse solamente a dedicar su vida al servicio del bienestar humano.

La ALANAM hace. suyas las declaraciones sobre Ética en Medicina aprobadas en distintas reuniones por la Asociación Médica Mundial, así como por la Organización Mundial de la Salud.

Es deber del médico acudir al llamado de los pacientes, sin ninguna reserva, cuando se trata de situaciones de emergencia que comprometen la vida, pero puede dejar de hacerlo en casos rutinarios, cuando hay otro profesional idóneo disponible para sustituirlo.

La actualización de los conocimientos es imperativo moral y legal que debe asumir el médico mientras ejerce la profesión. Las organizaciones universitarias y profesionales y las instituciones estatales, deben promover la educación médica continuada y, además, estimular la creación y fortalecimiento de bibliotecas en los centros de trabajo médico. Las instituciones empleadoras deben autorizar la utilización del tiempo de trabajo contratado para el cumplirniento del objetivo anterior.

En lo relativo a los nuevos procedimientos derivados del progreso de la ciencia y la tecnología biomédicas, como son los casos de la fecundación in vitro y la ingeniería genética, ya que los principios éticos y los preceptos legales no están aún definitivamente establecidos, corresponde a las Academias de Medicina mantener una permanente vigilancia sobre su aplicación y repercusiones. En ningún caso, esos procedimientos deben aceptarse cuando afecten potencialmente la identidad biológica del ser humano o la dignidad de la especie.

Para la ejecución de trasplantes y substituciones artificiales de órganos o partes del cuerpo, son imprescindibles normas legales inspiradas en principios éticos, las que, sin apartarse del concepto integral que caracteriza a la persona humana, admiten que se efectúe previa certificación documentada de la muerte cerebral del donante, en uno de los casos con el consentimiento previo de éste y, en otros, con el de los familiares o el de las instituciones responsables. En todos los casos, debe estar garantizada la idoneidad de los procedimientos y la de sus ejecutores.

Hay consenso en que, establecida en forma fehaciente la muerte cerebral, no se justifican las acciones excepcionales para prolongar las manifestaciones vitales de las estructuras biológicas residuales, las que significan meramente una actividad vegetativa.

Por otra parte, en aquellos casos en que los indicadores clínicos e instrumentales revelan situaciones insalvables o incompatibles con la dignidad de la persona humana, queda al criterio del médico y de los familiares suspender los procedimientos extraordinarios. En case de controversia se recurrirá al criterio de un consejo técnico.

Está establecido el concepto de que la vida humana comienza desde el momento de la fecundación, cuando se recibe la codificación genética completa que confiere al huevo el derecho a la vida individual, por lo que el aborto es, en principio, rechazado por consideraciones éticas y no autorizado por muchas legislaciones. En otras, se acepta el llamado "aborto terapéutico" por razones médico-sociales. Debe respetarse en cualquier caso el abstencionismo del médico, por fuero de conciencia.

Desde el punto de vista ético, considerando que el cuerpo después de la muerte, por respetable que él sea, es un elemento material desprovisto del carácter de persona humana, es admisible el derecho individual de disponer qué se haga con el propio cuerpo después de la muerte, así como el derecho social para la práctica regular de las necropsias con fines científicos.

ÉTICA MÉDICA EN RELACIÓN A PERSONAS INDIVIDUALES

Las relaciones que se establecen entre el médico y el enfermo se basan en la confianza inspirada no solamente en la competencia técnica profesional, sino también en la probidad moral y la comprensión de los valores humanos.

Esto significa que el médico debe esforzarse por lograr, en cuanto sea posible, la comprensión de los patrones espirituales y socioculturales de sus enfermos y, además, proyectar y mantener su presencia más allá de lo estrictamente exigible de su acción profesional. Comprensión y entrega son los requisitos que caracterizan el ejercicio ético de la profesión.

Teniendo en cuenta la extensión y complejidad de la medicina contemporánea, el médico está obligado a solicitar la colaboración de los especialistas cuando el caso lo justifique, sin que esto signifique una transferencia de la responsabilidad inicial del médico tratante. Debe también evitarse el exceso de interconsultas.

El secreto profesional es una exigencia ética reconocida universalmente. Conspiran contra ella: la intervención de personal auxiliar de diversa formación técnica, los mecanismos administrativos que facilitan la difusión de las informaciones y, otras veces, los imperativos legales.

No obstante, el acto médico es una "confianza que se entrega a una conciencia" y debe ser escrupulosamente mantenido dentro de la más severa discreción. Cuando se extienda el uso del sistema computarizado para la confección y el archivo de historias clínicas, deberán adaptarse las medidas que preserven el secreto profesional.

En la medicinía moderna se observa el desarrollo creciente de las profesiones paramédicas y del personal auxiliar, que resulta hoy imprescindible para la conformación de los equipos de salud, no solamente en la medicina de grupo, sino también en la individual y social. Compete al médico y a las directivas de las instituciones de salud asegurar la idoneidad técnica y moral de los integrantes de estos equipos y contribuir en lo posible a su formación y perfeccionamiento.

Las normas sobre Ética Médica están dadas en nuestros países, unas veces como legislación nacional y otras como disposiciones emanadas de las organizaciones profesionales, tales como Colegios Médicos, Federaciones u otras. Por tanto, no es posible homologarlas en un estudio de conjunto.

En algunos países las Academias han influido, positivamente, en la elaboración de las normas legales, y deberán permanecer atentas a su cumplimiento. La supervisión de la observancia de los códigos de Ética Médica corresponde a la profesión médica.

Además, en la mayoría de las universidades y sociedades científicas existen Comisiones de Ética que intervienen en ese control.

La investigación científica debe observar rigurosamente el postulado de que su objetivo primario es el bienestar de los seres humanos. Como los medios para lograrlo son de diversa índole y adoptan algunas veces mecanismos controvertidos, las organizaciones mundiales de salud se han preocupado por recomendar normas a través de congresos internacionales, de las cuales las más recientes son las promulgadas por la Asociación Médica Mundial de Helsinki (1964) y Tokyo (1975), "Helsinki II".

Los principios de Helsinki II tienen vigencia en los países integrantes de ALANAM y su vigilancia está confiada indistintamente al Estado, las Universidades o los organismos gremiales, por medio de Comités de Etica.

Se destaca en dicha Declaración la distinción entre la investigación médica combinada con la asistencia (investigación clínica) y la no terapéutica (investigación biomédica).


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